Entrevista con el Sr. Reinaldo Togores, Arquitecto de la Vocacional.


Esta entrevista fue realizada en 2008 por Meilys Cruz Fernández,  entonces estudiante y hoy profesora, jefa del Departamento de Periodismo de la Facultad de Humanidades en la Universidad de Camagüey. Se publicó en el sitio web IPVCE.ORG que dirigía Daian Gan. Tanto Meilys como Daian son egresados de la Vocacional de Camagüey.
por Meilys Cruz Fernández.


El Grupo Nacional de Construcciones Escolares le comunicó la necesidad de plantear el proyecto de la segunda de las grandes escuelas vocacionales, la de Camagüey. Reinaldo Togores Fernández tenía en sus manos el planteamiento general de la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas que se construiría en Bacuranao. Ante la disyuntiva de decidir a cuál de las dos obras gigantes dedicaría su esfuerzo directo, no dudó en su elección: La Ciudad Escolar Máximo Gómez Báez.

Destino: Camagüey

Nací en La Habana en 1939, el 6 de junio. Estudié el bachillerato con los jesuitas en el Colegio de Belén. Sí, dónde Fidel. Mi primer destino como arquitecto fue Camagüey, en el plan de viviendas campesinas que desarrollaba en 1966 el Viceministerio de Viviendas.
¿Pensó alguna vez que sería arquitecto?
Desde siempre me interesaron la Pintura y el Cine. La Arquitectura fue un descubrimiento tardío pero que sintetiza elementos básicos de esas, mis aficiones más tempranas.
¿Con qué expectativas profesionales y personales asumió la tarea de construir nuestra escuela?
Pasé a trabajar en el Grupo Nacional de Construcciones Escolares, que dirigía Josefina Rebellón, en 1972. Tenía entonces la experiencia del trabajo en proyectos de viviendas y urbanismo desarrollado en Camagüey y Santiago de Cuba del 1965 al 68 y más tarde, en el departamento de desarrollo del Ministerio de la Industria Ligera, atendiendo las cuestiones relacionadas con la Industria del Mueble, con especial atención a lo que se refiere al diseño.
Paralelamente, desde 1970 impartía clases de Diseño en la Escuela de Arquitectura del ISPJAE. Me encontré en el GNCE con una vorágine de trabajo a la que era difícil dar respuesta. Teniendo en cuenta mi experiencia anterior, al llegar se me encomendó el planeamiento general de la Escuela Superior de las Fuerzas Armadas, que se construiría en Bacuranao. Ya presentado el anteproyecto, surgió la necesidad de preparar el proyecto de la segunda de las grandes escuelas vocacionales, la de Camagüey, en respuesta a la intención de dotar de un centro de estas características a cada capital de provincia.
Me vi entonces con dos proyectos gigantes en las manos y ante la disyuntiva de elegir a cuál de ellos dedicaría mi esfuerzo directo. Por una parte, el de la Academia de las FAR brindaba más posibilidades de, por así decirlo, “promoción social”, aunque al precio de una menor libertad en cuanto a imponer mis ideas en cuanto a diseño. Esto se hace evidente si se compara lo efectivamente construido con la distribución que figura en mi proyecto inicial.
No dudé en mi elección. El proyecto general de la Academia pasó a manos de la arquitecto Eva Aguilar, limitándose mi participación al proyecto del edificio de la dirección y en particular al de la Casa de los Oficiales, una de las obras de las que más satisfecho he quedado pero de la que no tengo fotos debido a las limitaciones inherentes al hecho de ser una instalación militar.
Una obra de la categoría de la Vocacional Máximo Gómez nunca es trabajo de una sola persona. Tuve la suerte de contar con un equipo de trabajo excepcional. Allí estuvieron Carlos López Quintanilla, que había sido mi más brillante alumno en la CUJAE como proyectista y Heriberto Duverger, autor de la escuela “Volodia” del Parque Lenin como asesor (Figura 2). Atendiendo la parte tecnológica, Luis Blanco y Williams Calderón en el cálculo de las estructuras, Julia Delgado (Figura 1) en los proyectos viales y de movimiento de tierras, Humberto Zarraluqui en la electricidad, Tony López Cruells con las instalaciones hidrosanitarias y Luis Rubio en el paisajismo.
Figura 1. De pie, a la izquierda Julia Delgado, ingeniera proyectista de viales y movimiento de tierra y a la derecha Josefina Rebellón, jefa del Grupo Nacional de Construcciones Escolares. Holguín, 1980.

Figura 2. En la foto, tomada en República Dominicana durante la presentación de la Guía Arquitectónica de Santo Domingo, de izquierda a derecha, Gustavo Moré, director de la revista AAA de Santo Domingo, Heriberto Duverger, editor de la Guía, a continuación Roberto Segre, historiador y crítico de la Arquitectura Latinoamericana y por último, a la derecha, Carlos López Quintanilla, colaborador en el proyecto de la Vocacional.

Manos a la obra.

Las construcciones escolares de la época empleaban el sistema prefabricado “Girón”, con largos bloques horizontales, todos de la misma altura, uno al lado del otro como en formación militar. Esa monotonía se hacía aún más palpable en el diseño de las fachadas: al norte siempre las bandas ininterrumpidas de ventanas; al sur lo mismo, pero sin ventanas, tocaba galería de ese lado. Y en los extremos, paneles ciegos de hormigón. Para un especialista en la materia lograr un conjunto libre de la rigidez, hasta entonces imperante en ese tipo de obras, constituía un verdadero reto. Sin embargo, la experiencia y el espíritu creador se impusieron.

Romper esquemas no suele ser fácil, pero las autoridades locales de entonces apoyaron de manera entusiasta mis ideas. Hay una persona en especial sin cuyo apoyo esta escuela no hubiera sido lo que es: Robertico Valdés, entonces jefe del MICONS en la provincia (Figura 3).
Figura 3. Visita de Fidel Castro a la obra el día de su inauguración. Detrás de Fidel, Robertico Valdés, jefe del MICONS en la provincia (Foto: Agencia de Información Nacional).
¿Fue novedoso para usted en aquel entonces el concepto de "ciudad escolar" desde el punto de vista arquitectónico?
La importancia de la educación en la formación de un “hombre nuevo” a la medida de sus ideales ha sido una constante en el pensamiento de los reformadores sociales desde el siglo XVII. Y la vida y el trabajo en común se postulaban como la forma más efectiva para obtener el fin deseado. El “falansterio” propuesto por Fourier tendría idealmente capacidad para 1620 personas. Aproximadamente los dos tercios de nuestra escuela. Así que la idea no es tan nueva realmente. Aunque tratándose de utopías, materializarlas es cosa algo más difícil que describirlas.
¿Qué elementos distintivos tuvo en cuenta para el diseño de la edificación? (Cuando hablo de "elementos distintivos" me refiero a aquellos aspectos relacionados a la arquitectura, no propiamente técnicos, que determinan la singularidad de una construcción).
Como profesor de Diseño Básico en la Escuela de Arquitectura había dedicado mucho tiempo a estudiar las cuestiones relacionadas con la influencia de la forma, el color, los volúmenes y los espacios en el modo en que la arquitectura es percibida por el usuario. Lo que intenté, desde el punto de vista del diseño, fue romper con la horizontalidad, la alineación en bloques paralelos, las culatas ciegas de los edificios y la falta de conexión en lo visual al terreno. La alineación este-oeste de los bloques docentes y la de los dormitorios estaba condicionada en buena medida por condiciones climatológicas, en particular la insolación. Pero en cambio los locales de uso común tales como biblioteca, museo, centro de cálculo, teatro, etc., se agrupan en un bloque central desarrollado en sentido norte-sur, actuando como eje de simetría en torno al cual se articula el conjunto. Si la profundidad de los bloques docentes y dormitorios está predeterminada al responder a distribuciones normalizadas, en los otros edificios se aprovecha la flexibilidad del montaje con grúas sobre neumáticos para lograr espacios mucho más complejos. “Algunas cosas eran inherentes al sistema constructivo y no era posible cambiarlas. Por ejemplo la limitación en la altura, no más de cuatro plantas. La personalidad propia de esta escuela reside en gran medida en el haber logrado romper visualmente esta limitación. Para ello se colocaron, en los extremos de los bloques docentes que limitan con el bloque central, dos torres de planta escalonada que albergan los locales destinados a laboratorios. Para enfatizar estas torres se añadieron volúmenes salientes (aprovechados para almacenaje) que se pintaron de un color amarillo fuerte. Junto a estas torres se produce un cambio brusco de altura, a las dos plantas (la baja directamente asentada sobre el terreno) de la biblioteca, destacando así por contraste la impresión de altura. Visto desde el acceso principal se produce un efecto de perspectiva donde los edificios más alejados -los dormitorios- se ven más pequeños al fondo, a continuación las alas docentes que se acercan y por último, más próximas, las torres de laboratorio a ambos lados del bloque central, como dije antes de menor altura y ligado al terreno por la columnata en que se apoya la biblioteca (Figura 4).
Figura 4. Perspectiva del proyecto mostrando el esquema original de colores (1976).
Otro aspecto en el cual se recurre a una suerte de ilusión óptica es en la solución de las culatas ciegas de los dormitorios. En los extremos de los bloque docentes yo había situado la escalera principal y de esa manera justificaba abrir estos extremos con terrazas. Pero no podía hacer esto en los dormitorios ya que en este caso se trataba de proyectos típicos, elaborados por el arquitecto Andrés Garrudo (proyectista de la Vocacional “Lenin”). La solución fue pintar esas fachadas de manera que el juego de claro-oscuro que sugiere efectos de luz y sombra así como el uso de colores cálidos (que “avanzan” visualmente) y de colores fríos (que “retroceden”) diera la impresión del relieve de que esos paredones carecen (Figura 5).
Figura 5. Gráfica en las culatas del dormitorio. (Foto de Roberto Segre, 1976)
En cuanto al vínculo con el terreno, ya había experiencia – por ejemplo en los círculos infantiles – con el uso de columnas largas capaces de apoyar el nivel estructural de la primera planta directamente sobre el terreno, prescindiendo de los pedestales y del “nivel estructural 0,0”. Aprovechamos este recurso fundamentalmente en las galerías de interconexión, donde además representaba un ahorro de recursos, al eliminar toda una planta de vigas y losas, permitiendo a los alumnos andar directamente sobre el terreno acondicionado a manera de jardín (Figura 6).
Figura 6. Galería apoyada directamente sobre el terreno. Puede apreciarse el diseño de barandas y quiebrasoles construidos a partir de paneles encastrados.
Un detalle que sería necesario mencionar es el diseño de barandas y quiebrasoles, donde se juega con la naturaleza misma del sistema: un montaje de paneles, contribuyendo así a la coherencia formal al conjunto.

De alegrías y recuerdos.

Al evaluar el resultado, Fidel sentenció:
“(…) se puede calificar de maravillosa esta escuela. Hay que verla. Me habían hablado de ella, la visitamos varias veces cuando estaba en construcción, pero no podía ni siquiera imaginarme cómo iba a ser cuando estuviera terminada. Y ahora la vemos completamente terminada; pueden faltar algunos detallitos, algunas barandas en algunas escaleras, pero cosas ya insignificantes. Desde el punto de vista de su base material, por el proyecto, construido en base al sistema Girón, pero con una concepción específica para esta escuela, por la concentración y la distribución de sus instalaciones, por su arquitectura, sin duda que en este momento es la mejor de Cuba. (…) En realidad, esta escuela habla muy alto, pero muy alto, de los constructores camagüeyanos, …y quedará aquí como un símbolo de las creaciones que puede lograr el sudor del hombre, el trabajo humano. Estoy seguro de que ellos siempre se sentirán satisfechos de ver la obra que han concluido con su esfuerzo y su dedicación.”
¿Recuerda algún detalle especial de aquellos días de trabajo en la construcción de la Ciudad Escolar?
La dedicación de todos, la fe que demostraban en el valor de lo que estaban haciendo. Recuerdo que el cumplimiento de la meta de terminación de la obra que se había planteado exigía continuas revisiones en el proyecto. Proyecto que mis jefes consideraban ya concluido. Como no quería dejar a otros esas modificaciones opté por pedir las vacaciones que me tocaban y marcharme a Camagüey. Allí estuve todo el mes de agosto trabajando –y entonces de verdad “voluntario”- a pie de obra (Figura 7).
Figura 7. El arquitecto, a la izquierda con el jefe de los instaladores hidrosanitarios y el jefe de la brigada de montaje.
Del día de la inauguración guardo el recuerdo del recorrido junto al entonces jefe del gobierno, Fidel Castro y de su interés por todos los detalles de la obra. Quisiera compartir con ustedes una foto que guardo desde entonces (Figura 8). La tomó Fernando Lezcano, del periódico Granma, quien me la hizo llegar a través de nuestro amigo común el gran fotógrafo Osvaldo Salas.
El lugar donde fue tomada será rápidamente identificado por todos ustedes: la galería entre el teatro y el anfiteatro pequeño del bloque cultural. En ese momento Fidel me preguntaba por las barandas que faltaban en los extremos del anfiteatro, que aún no se habían instalado (Figura 9). A eso se refirió más tarde en el discurso inaugural como uno de los detalles que faltaban por terminar en la escuela. De nuestro intercambio aquel día seguramente surgieron algunas de las valoraciones del propio Fidel en su discurso inaugural:
´En esta escuela se refleja la experiencia constructiva acumulada, la experiencia que se ha ido reuniendo en estos años de intenso programa de construcciones escolares. Cuenta incluso con el anfiteatro terminado, que creo que lo van a inaugurar esta noche. Tengo entendido que van a presentar esta noche allí un espectáculo de ballet.
El gimnasio está terminado y es magnífico, igualmente el teatro, aunque queda por resolver el problema de la ventilación; está todo preparado, pero hay unos equipos pendientes, por lo tanto habrá que ver alguna película con su poco de calor.
Tiene una preciosa biblioteca y una piscina olímpica con todos los detalles, un magnífico comedor, con su saloncito incluso para aprender a comer; numerosas aulas especiales donde no falta nada —coro, danza, etcétera— para los dos niveles: secundaria y preuniversitario.
Las soluciones funcionales de la escuela son muy buenas, las distancias son cortas y la distribución de todas las edificaciones ha sido hecha realmente con un verdadero arte. Debemos felicitar al grupo de construcciones escolares y al arquitecto que proyectó esta escuela.‘
Al despedirnos me comentó que no había mencionado mi nombre en el discurso porque no lo recordaba. ¡Desventajas de un apellido tan poco frecuente como el mío!
Figura 8. Instante del recorrido junto al anfiteatro pequeño del bloque cultural.

Figura 9. Anfiteatro pequeño días después de la inauguración, aún sin las barandas.

El autor y su obra…

Pocos arquitectos de mi generación han tenido oportunidades como esta. Desgraciadamente, la mayor parte de nuestro trabajo (del mío y del de la mayor parte de los arquitectos de las promociones post-revolucionarias) ha quedado sobre el papel, sin que se llegaran jamás a construir. Las obras importantes, donde el arquitecto sería capaz de expresarse libremente han sido muy pocas en los años de nuestra vida profesional. Y estas obras eran siempre encargadas a los de una generación anterior, aquéllos que habían comenzado su vida profesional antes de la revolución.
Por mi parte nunca he perdido la ilusión en mi trabajo. He sido premiado en varios concursos de Diseño y Arquitectura, aunque solo uno, el monumento a José Martí en Roma, ha llegado a plasmarse en una obra realizada. Como el Concurso Nacional para Viviendas de las Cooperativas Agropecuarias (1981) donde proponía un diseño constructivo modular que facilitaría la ampliación del espacio construido a medida de las necesidades cambiantes de la familia. O el más reciente (1989), un monumento a Lázaro Peña (con los escultores René Negrín y Juan Quintanilla), para el cual todos los trabajadores en su momento contribuyeron con la entrega de cinco centavos a la CTC. (Figura 10).
Figura 10. Maqueta del monumento a Lázaro Peña, La Habana, 1989.
¿Cómo ve hoy el arquitecto su obra, luego de tantos años de fundada?
Esta obra demuestra que el papel del arquitecto puede ir más allá de lo meramente tecnológico. Que a pesar de emplear un sistema de elementos prefabricados es posible construir lo que mi maestro, Ricardo Porro, describía como un entorno poético para la actividad del hombre.
En nuestro medio ha sido muy difícil lograr que se aceptara el papel del arquitecto como artista creador. De hecho, la UNEAC demoró casi treinta años en admitirnos (en 1991) a un pequeño grupo de arquitectos como miembros de la Asociación de Artistas Plásticos, y eso en una sección que no se llamó de Arquitectura, sino de “Diseño Ambiental”.
Espero que esta obra contribuya algún día a que se reconozca, entre los cubanos, a la Arquitectura que hemos hecho en estos casi cincuenta años su categoría artística.
Si pudiera cambiar algo en la construcción o en el diseño de la edificación, ¿qué sería?
No logré que esta obra se complementara, como era mi deseo, con la obra de una serie de artistas plásticos. En la Biblioteca hay un paño de pared en debía figurar un mural que diseñó Raúl Martínez. Lo avanzado de su concepción suscitó temores en las autoridades locales. Hicimos gestiones como apelar a Osmany Cienfuegos, quien no puso reparos a la obra, pero aún así no logré el respaldo necesario para que se llevara a cabo. Desgraciadamente, Raúl ya falleció. Quizás alguien, algún día, recupere aquel boceto y lo reproduzca, por fin, en el lugar que tenía destinado. ¿Quizás alguno de ustedes?
En cuanto a la estatua de Máximo Gómez, había conocido a Delarra en 1959 cuando instaló una serie de piezas en la escalinata de la Universidad de La Habana. Me pareció adecuado su estilo expresionista de entonces. Tampoco hubo respaldo alguno para su intervención en el proyecto de la escuela, pero él lo acometió con entusiasmo.
La figura fue tan grande como cabía en la vieja bodega de Centro Habana que utilizaba como estudio. La que se colocó para la inauguración de la escuela era de yeso patinado de manera que pareciera bronce. Sólo meses después, cuando esta maqueta de yeso comenzaba a desmoronarse por efecto de la intemperie, fue que se logró su fundición en metal.
Muchos han criticado la calidad de esta obra. Yo mismo, por lo que conocía de su trabajo anterior, hubiera esperado un resultado no tan convencional. Hubiera sido mejor sacarla a concurso, pero para ello hubiera sido necesario el apoyo oficial del que en este aspecto carecimos.
Hicimos algunas cosas cuando sólo dependía de nosotros. Por ejemplo en la cocina-comedor donde Carlos López diseñó las lámparas y Heriberto Duverger una excelente gráfica mural. (Figura 11).
Figura 11. Lámparas (diseño de Carlos López) y gráfica mural (diseño de Heriberto Duverger) en los comedores.
Hoy quienes escriben sobre Arquitectura en nuestra tierra suelen omitir, salvo raras excepciones1 , el plan de escuelas de los años ‘70 y en particular ésta, que en su inauguración fue descrita como la mejor de Cuba. ¿Será que quizás esta distinción aún provoca resquemores que motivan este olvido?
Pero la obra está ahí. Ustedes que la han vivido son como críticos los mejor informados. A ustedes corresponde la última palabra.

Otros detalles… para los que quieren saber.

En 1991 me acogí a la condición de creador independiente como miembro de la UNEAC (sección de Diseño Ambiental de Asociación de Artistas Plásticos).
Desde que en 1982 fui ponente en la mesa de Métodos Avanzados de Proyectos de la Primera Conferencia Científico-Técnica de la Construcción venía dedicado una buena parte de mis esfuerzos a la investigación sobre Diseño Asistido Por Computador e Informática Gráfica. Ya en mi carácter de creador independiente se me brindó la oportunidad de participar en investigaciones relacionadas con la Expresión Gráfica en la Ingeniería dentro de la Universidad de Cantabria (Santander, España) así como de impartir clases en el Departamento de Ingeniería Geográfica y Técnicas de Expresión Gráfica (Figura 12).
He dedicado los últimos años a ello, habiendo obtenido durante ese tiempo el grado de Doctor Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos con una tesis sobre “Métodos de Geometría Computacional Aplicados al Diseño de Estructuras Espaciales”.
He sido profesor invitado en cursos de maestría en la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz, Bolivia), la Universidad Autónoma Tomás Frías (Potosí, Bolivia) y la Universidad Nacional del Nordeste (Corrientes, Argentina).
Soy coautor del único libro en español sobre programación Visual LISP para Autocad2, publicado en 2003 por McGraw-Hill Interamericana. Durante esta etapa he publicado artículos en Alemania, Argentina y España.
Hace años que no visito la escuela. Lo hice con cierta frecuencia durante los primeros años, cuando aún trabajaba en el GNCE y posteriormente en la Empresa Nacional de Proyectos de Obras Escolares. Ya después, trabajando en la Dirección de Proyectos del MICONS y más tarde en la Secretaría Ejecutiva de Asuntos Nucleares, las oportunidades de visitar la escuela se hicieron más escasas. Pero deseos de hacerlo nunca me han faltado. Así que hasta pronto, espero.
Figura 12. Conferencia del arquitecto en la Universidad de Cantabria (2003).


Pequeñas lecciones de arquitectura:

La disposición paralela de los edificios y la limitación en la profundidad de los bloques de edificación se justificaban originalmente por el equipo de montaje a emplear, la grúa torre soviética KB-100. Pero pronto descubrí que en la realidad, a pie de obra no se empleaba esta grúa, que al desplazarse sobre raíles exigía preparar un terraplén perfectamente nivelado para colocar la vía.
Esto era especialmente costoso en terrenos accidentados, pues además de que el movimiento de tierra para instalar la grúa era considerable, al terminar el montaje había que deshacer toda esa obra. Así que lo que en verdad se empleaba eran las grúas sobre neumáticos o esteras, mucho más flexibles en su emplazamiento.
Otro factor que contribuía a la horizontalidad característica de las escuelas Girón era el hecho de que los edificios siempre estaban separados del terreno por un plano estructural sobre pedestales, -el llamado entonces “nivel estructural 0,0”- con lo que se reforzaba la impresión de bloques horizontales desvinculados de la topografía del lugar.
Meilys Cruz, Camagüey, 28 de abril de 2008.